Futuro Imperfecto #04: Lee entre líneas

 


Prólogo

Los libros pueden ser grandes fantasías o grandes verdades, pero en ocasiones nos toca discernir

cual es cual. Si fueras como Lucía nuestra protagonista, ¿qué elegirías?


"Las profecías se cumplen no porque sean ciertas, sino porque los hombres creen en ellas."
Isaac Asimov

 

Empecé a trabajar en la Biblioteca Municipal de San Joaquín en 1990. Tenía 23 años, poco dinero y una necesidad

incontrolable de vivir entre libros, como si los tomos pudieran protegerme del ruido del mundo real. No eran

tiempos digitales. Internet apenas susurraba en los laboratorios de las universidades, y Google aún no existía

para decirnos qué era importante leer.

Una tarde cualquiera, mientras limpiaba un estante de “material deteriorado” —la antesala del basurero para

cualquier libro sin glamour— encontré un volumen sin título, sin código de barras, sin registro. Solo cuero ajado,

páginas amarillentas y una nota a mano en la primera hoja:

“Este libro no es para este tiempo. No es para ser creído, sino para ser recordado cuando todo lo demás falle.”



Pensé que era una broma. Una novela mal impresa. Pero me intrigó lo suficiente como para hojearlo. Hablaba de

cosas raras: el ascenso de la tecnología como nueva religión, una sociedad que dejaría de hablarse cara a cara,

la entrega voluntaria del pensamiento crítico… y algo llamado el gran apagón, una era de “oscuridad sin noche”,

que reiniciaría la historia humana.

Parecía delirante. Ciencia ficción de los años 70. Lo hubiera dejado pasar, si no fuera porque ya estaba tan dañado

que mi jefa me dijo que podíamos tirarlo.

—¿Puedo quedármelo? —le pregunté.

—Claro, Lucía. Ese libro ni aparece ya en el sistema.

Así que lo guardé. No porque creyera en él, sino porque me pareció injusto que muriera sin ser leído una vez más.

Leí la página como quien visita a un viejo amigo excéntrico. Me reía de sus locuras. Hasta que empecé a dejar

de reírme. Porque el libro, que había sido escrito en 1970 por un autor desconocido, empezó a tener razón.

Recuerdo que una de las primeras cosas que me impactó fue una breve mención sobre la caída estrepitosa de la

Unión Soviética, algo impensable en ese entonces para mí. Luego describía con precisión la proliferación de los

teléfonos móviles, aunque los llamaba "comunicadores de bolsillo omnipresentes", y la obsesión de la gente por

pantallas brillantes. Cada predicción anterior a 1990 encajaba perfectamente con lo que había vivido.



Los eventos avanzaban hasta el año 2088, pero entre todo lo que estaba escrito había unas páginas dedicadas al

gran apagón que sucedería en marzo del año 2028. A partir de ahí serían tres años en donde la mayoría del planeta

estaría sumido en las tinieblas. Ahí supe que el libro no era una advertencia. Eran instrucciones con los pasos

a seguir cuando cada evento se cumpliera.

Había escuchado de los tres días de oscuridad, pensé erróneamente que era algo del apocalipsis,

muy religiosa nunca fui, solo atiné a ir a las iglesias para bodas y funerales. Pero retomando el hilo de la historia,

debes tenerme paciencia, a veces se me van las “luces” - Lucía ríe de forma traviesa.

Pero en realidad una monja que luego nombraron santa, Anna María Taigi en los años 1800 fue la que en visiones

o sueños, miró el evento por primera vez. Luego hubieron otros como Padre Pío de Pietrelcina,

Marie-Julie Jahenny, entre muchos otros. El punto, muchacho, es que los sueños son interpretativos

y lo que miras debes comprenderlo. Por ejemplo, si sueñas con perros gordos y luego con perros flacos

y hambrientos, no es que debes emprender una cruzada por el rescate de los perros hambrientos del mundo,

sino que puede indicar que tendrás prosperidad un tiempo y luego no. Entonces mi punto es que estas personas

miraron tres días, pero como no sabían dar interpretación, no supieron discernir que eran tres años. Además,

en esos tiempos que todo lo vinculaba con dioses y diablos, imagínate el caos en sus cabecitas para darle forma

a todo lo que miraban.



Y si me preguntas si traté de advertirle a las personas, traté, pero nadie me creyó. Solo cinco personas lo hicieron.

El que fuera mi esposo, un drogadicto que se reformó y ese fue tu papá, luego mi hermana, después mi hermano y

finalmente mi papás. Ellos empezaron a tomarme en serio después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El libro mencionaba un evento que "sacudiría los cimientos de la confianza occidental", describiendo aviones

impactando edificios emblemáticos. Cuando eso ocurrió, el escepticismo de mi familia se desvaneció por completo.

Con la serenidad de quien sabe que va a llover y no tiene paraguas, asumimos que nadie más iba a tomarnos

en serio. ¡Claro, una bibliotecaria loca y su marido ex-adicto leyendo un libro apocalíptico de los setenta!

Éramos el club de fans del fin del mundo menos glamuroso del barrio. Pero el dichoso libro era tan específico

en su catástrofe orquestada que no podíamos ignorarlo. Según sus "profecías", el 'gran apagón' no iba a ser

un simple corte de luz masivo, ¡no! Iba a ser la 'solución final' para el exceso de bípedos parlantes en el planeta.

Imagínate, después de guerras, virus y el planeta echando humo, la élite pensó: '¿Saben qué?

¡Apaguemos la luz y que se maten entre ellos! Más limpio y eficiente'. ¡Qué mentes tan... 'iluminadas'!",

Lucía hace una pausa, con una sonrisa irónica.



"Así que, mientras el resto del mundo seguía preocupándose por quién ganaría el próximo mundial de fútbol,

nosotros empezamos nuestra particular versión de 'Preparados, listos, ¡a esconderse!'. No teníamos búnkeres

de lujo ni arsenales, más bien acumulábamos latas de atún como si fueran lingotes de oro y aprendíamos

a distinguir las malas hierbas comestibles de las venenosas. Tu padre, que había pasado

por más 'apagones' personales que la red eléctrica nacional, tenía una intuición sorprendente para encontrar

lugares discretos. Empezamos a buscar un terrenito donde pudiéramos cultivar nuestras propias lentejas

del apocalipsis. El libro no era precisamente un manual de 'Supervivencia para Dummies', pero entre líneas

nos decía: 'Menos Facebook, más huerto'."

En fin, muchacho, así de resumido te hago todo. Si tienes preguntas, me las haces luego de que leas el libro,

porque ahora te paso la batuta de todo el conocimiento, porque aún faltan años por venir y deberás estar preparado.

Y para que les cuentes a los demás cuando ya no esté, no fui líder, ni profeta, ni heroína. Fui bibliotecaria.

Y eso fue suficiente para mí. Y siempre recuerda, leer entre líneas hijo, ahí está siempre la solución a todo.

 



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